¡Baila, Ginger, baila!

Tres millones de admiradores de Ginger Rogers quieren ver bailar a su estrella favorita.

La última película en la que bailó Ginger Rogers, The Story of Vernon and Irene Castle, se estrenó el 28 de abril de 1939, hace casi nueve años. Pero los tres millones de admiradores de Rogers y Astaire no se han conformado con dejar el pasado atrás. Año tras año, han seguido pidiendo más películas de la pareja Rogers-Astaire.

Al principio solo querían musicales melodiosos con algunos bailes llamativos. Luego quisieron sumar el Technicolor a esa combinación. Y ahora exigen una mezcla de campeonato: baile, Technicolor, buena música y una historia dramática interesante.

Una lista enorme de requisitos para cualquier estudio y que un productor vería con melancólica desesperanza, dado que Ginger hace tiempo que abandonó los musicales por el drama, y Fred Astaire siguió a su triunfo en Blue Skies con el anuncio de que había terminado con el cine.

Sin embargo, en una reciente entrevista publicada en la prensa, Fred admitió que siempre consideraría seriamente cualquier guion en el que formara equipo con Bing Crosby o Ginger Rogers.

Esto plantea una pregunta fascinante: ¿volverá a bailar Ginger Rogers?

Ginger Rogers y Fred Astaire en Swing Time (1936)

Para hallar la respuesta, tenemos que remontarnos a los primeros días de la trayectoria profesional de esta chica sensible de pies y corazón inquietos.

Ha recorrido un largo camino, y la mayor parte del trayecto no ha sido fácil.

Sin ser una belleza superior, aunque sí posee buena apariencia —dotada de una magnífica melena, un hermoso cuerpo y unas piernas bonitas—, siempre la han descrito como «mona». Ginger, haciendo balance de sus activos, estaba decidida a sacar el máximo partido de su agradable personificación de la típica chica americana y a pulir todas las facetas de talento que pudiera descubrir en su naturaleza.

Empezó (como la mayoría de la gente sabe) en el vodevil, con números dirigidos a los niños, como maestra de ceremonias y bailando, entre otras cosas, el charlestón.

Cuando Ginger alcanzó por fin la fama con la producción en Broadway de la revista Girl Crazy, George Gershwin recibió el encargo de escribir una canción para ella. Un examen reveló que el registro vocal de Ginger solo alcanzaba para cinco notas realmente buenas, pero podía falsear algunos tonos altos.

Así que el Sr. Gershwin escribió Embraceable You para Ginger. La canción perdurará durante décadas, no cabe la menor duda, como un tributo al genio de Gershwin y a la determinación de una ambiciosa muchacha de Independence, Missouri, por aprovechar al máximo sus capacidades.

Tras Girl Crazy firmó un contrato con la Paramount que la llevaría a Hollywood en 1930. Su andadura en la Paramount fue accidentada; los estudios comenzaban a utilizar una base de maquillaje que, por alguna razón, no le sentaba nada bien a Ginger. Su propia piel saludablemente pigmentada bajo esa pintura grasa y oscura hacía que al ser fotografiada tuviera el aspecto tostado de un indio.

Gracias a que Ginger y su madre, despreciando cualquier indicio de derrota, siguieron adelante con sus experimentos privados de maquillaje, Ginger pudo seguir haciendo películas. Libraba una batalla a cada paso que daba. Ginger se acostó llorando más noches de las que pudo contar. El mundo le parecía un lugar vasto y hostil, y Hollywood contenía esa hostilidad en dosis concentradas.

Después de tres años de estudio, ensayos, pruebas, decepciones y lo que Ginger llama ahora «formación del carácter», fue contratada para un musical protagonizado por Dolores del Río y Gene Raymond. Se titulaba Flying Down To Rio.

Para añadir una pizca de auténtico sabor sudamericano, el director decidió incorporar un baile llamado La Carioca. Al director se le había asignado un bailarín, de nombre Astaire, que se suponía que era impresionante. Según su tarjeta de empleo, había bailado en algunos de los clubes más famosos del mundo, pero el grupo de baile se había disuelto cuando Adele, su hermana y compañera, se casó, por lo que este tal Fred intentaba hacerse un hueco en el cine.

El director emparejó al Sr. Fred Astaire y a la Srta. Ginger Rogers.

A día de hoy, Ginger se muestra más reservada a la hora de describir su reacción al ser emparejada con Fred Astaire, pero cuando ocurrió hace años, supuso un verdadero hito. Durante aquellos días concedió una entrevista en la que comentó que bailar con Fred era un sueño hecho realidad. Le admiraba desde hacía mucho, cuando ella actuaba en el vodevil. Había leído minuciosamente artículos sobre él en revistas de baile. Sintió una revelación cuando leyó sobre la triunfal gira de Astaire por Europa («si un bailarín puede hacerlo, otro también»).

La Carioca era complicada, pero Ginger no dudó ni por un momento de que sería capaz de dominarla. Se negó a admitir que estaba cansada después de un duro día de ensayos; rehusó a desanimarse cuando su técnica le jugaba una mala pasada; ignoró pacientemente la exasperación ocasional de Fred por su inexperiencia. Trabajó, rezó y mantuvo la confianza que sabía que debía tener en sí misma.

Una vez terminada la película, Fred quiso que publicaran su opinión sobre su nueva compañera de baile: «Ginger tiene la fuerza, la garra física, la voluntad, la diligencia y la perseverancia para ser una de las mejores bailarinas de todos los tiempos».

Ginger la leyó con los ojos desorbitados y un nudo en la garganta y dijo: «¡Caramba! Espero que lo diga en serio».

Lo siguiente que ocurrió fue tan inesperado, tan asombrosamente sorprendente, que a todo el mundo le cogió desprevenido; responsables del estudio, genios de la explotación; todo la gente relacionada con el estudio se unió a la feliz sorpresa.

Flying Down To Rio resultó ser la película que todo el mundo quería ver. No por las interpretaciones, ni por la música, sino para ver a dos recién llegados bailar La Carioca. Se convirtió en el furor de la noche.

La sala de correo del estudio se inundó de cartas de admiradores pidiendo películas más grandes, mejores y llenas de baile protagonizadas por Ginger Rogers y Fred Astaire.

Ginger Rogers y Fred Astaire bailan La Carioca en Flying Down To Rio (1936)

Quienes conocieron bien a Ginger durante este periodo la recuerdan como una joven entusiasmada que aceptaba su oportunidad con aturdida gratitud. Sin embargo, su atención no se centraba únicamente en su carrera. Estaba inmersa en su primer romance profundamente serio con un célebre director que permanecerá anónimo en este artículo.1

Es cierto que Ginger se había casado impulsivamente cuando tenía dieciséis años y se había divorciado poco después. Pero aquel había sido un caso de enamoramiento juvenil, imprudente y precipitado, que no dejó cicatriz psíquica alguna.

Esta era una historia de amor totalmente diferente. Ginger tenía a este hombre en un altar. Escuchándole, absorbiendo cada una de sus palabras, aprendió más sobre cine en unos pocos meses que la mayoría de las chicas en varios años. Quienes les conocieron en aquella época se inclinan a pensar que él encontraba a Ginger divertida, vital, deliciosamente entusiasta, pero están seguros de que nunca correspondió a la devoción de Ginger.

Cuando ella supo que él se iba a casar con otra mujer, por poco se le rompió el corazón. Cuando descubrió que él iba a dirigir una película en la que ella iba a trabajar, acudió al jefe del estudio y pidió que la eximieran del papel. El jefe del estudio, amablemente, le dio un consejo que ha seguido desde entonces.

«Esta es una ciudad pequeña. Quizá la más pequeña del país. Todo el mundo lo sabe todo acerca de los demás por vía interna y gracias al alcance internacional de las noticias. La única forma de vivir en Hollywood y ser feliz es siendo un adulto. Recuerda que lo pasado, pasado está. Olvídalo. Reúnete con quienes te han hecho daño y olvídalo todo después. Júntate con quienes han tergiversado tus palabras, te han malinterpretado, te han criticado o alabado, y que cada encuentro sea tan cándido como la primera vez. Cuando tengas que afrontar una situación difícil, hazlo enseguida. Habrá perdido su poder para atormentarte si la encaras de frente».

Así que Ginger sacó pecho, irguió la cabeza y se volcó en su carrera. Prometió convertirse en una buena actriz dramática, no solo en una chica que canta y baila.

Mientras tanto, el clamor popular continuaba. El público amaba a Ginger y lo demostró en las taquillas. Ella y Fred hicieron The Gay Divorcee, seguida de Roberta, Top Hat, Follow The Fleet, Swing Time, Shall We Dance, Carefree y The Story of Vernon and Irene Castle.

Cada película contribuyó al cálido compañerismo, a la relación fraternal que existía entre los coprotagonistas. Se divirtieron durante las largas y arduas semanas de ensayos, durante las filmaciones, y después recordando las travesuras y desventuras del rodaje.

Para Roberta, Ginger recibió un tratamiento completo de glamur (si bien ya había sido generosamente ataviada para The Gay Divorcee). Uno de sus vestidos era de lamé dorado, con un canesú parcialmente separado del resto del corpiño por delante y una falda larga y recta. De las mangas casquillo colgaban flecos dorados hasta el suelo que se balanceaban como una lluvia dorada cuando bailaba.

Fred y Ginger en una escena de Roberta (1935)

Las escenas de Ginger con este vestido denotaban que era tan deslumbrante que empezó a moverse, inconscientemente, como una reina con el mástil de una bandera por columna vertebral, y a adoptar una expresión que recordaba a la Mona Lisa.

Una de las secuencias de la película requería que Fred y Ginger bailaran a lo largo de un pasillo cubierto de espejos. La Srta. Rogers, vestida con sus mejores galas y su expresión majestuosa, fue escoltada hasta la sala de espejos por el Sr. Astaire.

De repente, Ginger se vio a sí misma en todo su esplendor metalizado. Se echó a reír a carcajadas. Eso hizo. A partir de entonces, Ginger se olvidó de su vestuario y se concentró en ser bailarina y actriz.

También dedicó su tiempo a divertirse, haciendo feliz a la compañía. Fue en Carefree donde Fred —un apasionado golfista— introdujo su baile del golf. Se trataba de un complicado número en el que Fred daba pasos alrededor de un círculo, lanzando una serie de pelotas de golf desde una tarima.

Este truco era tan fascinante que al menos la mitad de los técnicos del plató intentaron imitarlo, tratando de mantener el ritmo de Fred —no así su intrincado juego de pies— mientras lanzaban las pelotas de golf. Fred, divertido y halagado, le gastó una broma al ayudante de dirección. Pidió una pelota de golf equipada con un mecanismo interior que explotaba al golpearla.

Varios días después, cuando terminaron los ensayos y se iba a comenzar a rodar, el Sr. Astaire estaba a mitad de su baile cuando explotó una de las pelotas de golf de la tarima.

Su compañera, la Srta. Rogers, había colocado una segunda pelota de golf para asegurarse de que Fred también supiera lo divertido que era.

Pero, por mucho que a Ginger le encantara trabajar con Fred, las películas de baile eran un suplicio y cada vez lo eran más. Fred era muy exigente con la precisión y los nuevos números de baile, cada vez más novedosos, y a veces se encontraba nervioso, irritable y angustiado.

Ginger sentía que había alcanzado su pleno desarrollo como bailarina. Quería pasar al teatro, a la comedia dramática, a las películas que exigían habilidad, caracterización y versatilidad. Había cumbres en su carrera que estaba ansiosa por escalar.

Para entonces ya había conocido a Lew Ayres, se había enamorado de él, se había casado y se había divorciado. El suyo fue un matrimonio breve y tormentoso, pero se separaron como amigos y, a día de hoy, siguen manteniendo un profundo interés el uno por el otro.

La vida privada de Ginger, aparte de la devoción que sentía por su madre, estaba lejos de ser satisfactoria. Casi como si se sintiera impulsada por esta carencia, se esforzó más por extraer de su trabajo las alegrías que, al parecer, no podía arrebatarle al amor.

Cuando le ofrecieron el papel principal en Kitty Foyle, lo aprovechó y lo convirtió en una estampa de la época, y fue galardonada con un Oscar de la Academia —el pináculo de todos los éxitos de Hollywood— por su interpretación. Ginger había trabajado duro para lograrlo.

La primera película de Fred sin Ginger fue una lamentable epopeya, afortunadamente caída en el limbo del cine, titulada Damsel In Distress. Bien podría haberse llamado Astaire en apuros.

La noche del preestreno, Fred (con el cuello del abrigo subido y el sombrero calado) se quedó en una esquina sombría del vestíbulo del teatro catalogando los comentarios del desinhibido público.

Después se escabulló hasta su coche y se fue a casa, donde envió un telegrama a Ginger que decía: «¡Ay!».

Desde entonces, la aflicción de Fred se ha apaciguado con triunfos como Holiday Inn, Ziegfeld Follies, Yolanda And The Thief, You Were Never Lovelier junto a Rita Hayworth y Blue Skies con su colega Bing.

Ginger ha producido éxitos como The Major and The Minor, Tender Comrade, Heartbeat, The Magnificent Doll y It Had To Be You junto al protagonista soñado de toda actriz, Cornel Wilde.

En cuanto terminó It Had To Be You, Ginger trasladó su oficina a las instalaciones de Enterprise, donde va a producir —por su cuenta— una adaptación de la novela de Libby Block, Wild Calendar 2. Producir su propia película es uno de los mayores logros de Hollywood.

Ginger Rogers, la joven intrépida que suspiraba leyendo revistas de baile, se ha convertido en una de las mujeres con más éxito de Hollywood.

Y lo que es mejor, su matrimonio con Jack Briggs, que coproduce con ella, le ha dado el aplomo interior, la radiante satisfacción y la sensación de bienestar supremo propios de una chica enamorada.

Ahora, irónicamente, la muchacha que quería ser actriz dramática y que insistía en que nunca volvería a bailar, ha admitido a sus amigos que, si le dieran el guion adecuado, le gustaría ponerse sus faldas arremolinadas y sus zapatos de baile y volver a la rutina que abandonó hace siete años.

En el caso de que Fred Astaire hablara realmente en serio cuando anunció su retirada, Hollywood tiene una sugerencia: ¿por qué no asociar a Ginger con Dan Dailey, el brillante bailarín que cautivó al público en Mother Wore Tights?

Con Fred Astaire o Dan Dailey, y una historia adecuada, la respuesta a una de las preguntas más candentes del momento es que, por suerte, Ginger Rogers volverá a bailar. ⬥


1 De eso nada. El nombre del célebre director es Mervyn Leroy, quien dirigió a Ginger Rogers en Gold Diggers of 1933. 
2 Ginger Rogers también iba a protagonizar la película, pero, en realidad, en 1947 abandonó el proyecto por desavenencias respecto al guion. Más información en AFI Catalog. 

Traducción del artículo «Dance, Ginger, dance!», publicado originalmente por Fredda Dudley en la revista Movieland en marzo de 1948.

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