Hablemos de Greta Garbo
No se llamen a engaño los lectores.
Hemos dicho: «Hablemos de Greta Garbo».
No hemos dicho: «Hablemos con Greta Garbo».
Con Greta Garbo, no se habla. Ello es proverbial y todo el mundo sabe que jamás ha concedido una entrevista ni ha accedido a que se la vea en el set. Su reserva es constante y sin distinciones. A nadie hiere con ella, a nadie humilla, a nadie hace de menos.
En cierta ocasión un escritor famoso en los Estados Unidos, el ya fallecido Arthur Brisbane, rogó que le permitieran verla filmar una escena, escondido en un rincón. Se le comunicó a Greta este deseo, contando, desde luego, con su aprobación. Pero la respuesta de la artista fue concisa y terminante:
—¿Le gustaría al señor Brisbane que cuando él está escribiendo yo me acercase a mirar por encima de su hombro?
Y con tales palabras cortó en seco los deseos del escritor.
Pero hablar de Greta Garbo nos parece oportuno en estos momentos, en que acaba de triunfar de modo definitivo en su película Ninotchka, después de algunos años de no hacer nada, y en un papel por completo distinto de los que la habíamos visto representar hasta ahora. Cuando se anunció Ninotchka el público dudaba que Greta Garbo no hubiese dado un bajón en estos años, como artista y como mujer.
Pero los hechos han demostrado que el público, por excepción, se engañaba en este caso.
Greta Garbo ha triunfado y por eso es ocasión de hablar de ella. Porque si no se puede hablar con Greta Garbo se puede en cambio hablar con Lubitsch, su director en Ninotchka, que nos da una perfecta idea de lo que es ella.
Lubitsch ha presentado en la pantalla una nueva Garbo que el mundo desconocía. Y él mismo comenta:
—Yo nunca dudé que Greta podría ser graciosa, sin necesidad de recurrir a trucos ridículos, ni a gestos y modales de muchacha mal criada; lo mismo que es dramática sin necesidad de desplantes histriónicos. Y ahora que la gente habla de que yo he descubierto una nueva Garbo, debo decir claramente que no he descubierto nada y que esta es en realidad la verdadera Garbo, tal y como es ella en la vida real. Desde que llegó a América ha vivido a la vista del público una vida ficticia que no es la suya, teniendo que ocultar su verdadero carácter en interpretaciones sentimentales o trágicas.
El director sigue diciéndonos:
—Greta Garbo se diferencia de otras artistas en que no tiene necesidad de pompa o de ostentación para impresionar al público. En papeles humanos y sencillos, vestida sin elegancias y sin coqueterías, puede dejar una impresión de encanto inolvidable. En su vida privada le gusta reír, le gusta ver felices a las gentes que se mueven a su alrededor; es brillante, encantadora y alegre en todo momento.
Todo esto es cierto y no necesitábamos oírselo decir a Lubitsch para saberlo.
Alrededor de Greta Garbo se han creado innumerables leyendas y rumores, la mayor parte de ellos falsos. Y lo que ocurre en este caso es que no se preocupa de negarlos o confirmarlos, como si nada tuvieran que ver con ella. Se ha dicho muchas veces, por ejemplo, que está gravemente enferma en un hospital, y los periodistas han recorrido en vano todos los hospitales de Hollywood, mientras ella tranquila jugaba al tenis en el jardín de su casa.
Se la ha supuesto enamorada frenéticamente de un actor famoso, de un multimillonario, de un gran músico. Y ella ha seguido tranquila el ritmo de su vida, que ha venido a dar un mentís a los rumores.
Lo que ocurre en realidad es que Greta Garbo es tímida, modesta, enemiga de exhibiciones y de adulaciones. Por eso es por lo que jamás ha firmado un autógrafo, ha aceptado ningún regalo o ha contestado una sola carta de sus innumerables admiradores. Y, además de tímida y modesta, Greta Garbo es la bondad suma. Sus compañeros de trabajo—electricistas, tramoyistas, costureras—la adoran. Y jamás ninguno de ellos ha sufrido un quebranto sin que la máxima artista de la pantalla haya puesto su mano milagrosa sobre la herida, corporal o espiritual, para cicatrizarla.
Tiene amigos en Hollywood que la veneran. No forman legión y no la reciben en sus casas para exhibirla. Por el contrario, si llega otra visita a la casa de ellos estando allí Greta, esta sale disimuladamente por la puerta del jardín y se aleja en su automóvil. Pero estos pocos amigos cuentan de ella maravillas y valúan su amistad como algo precioso.
No es mucho ni extraordinario lo que nosotros en estas líneas podemos decir de Greta Garbo. Pero consideramos un deber profesional el rendirle con nuestra firma un homenaje de admiración y de respeto, que no suelen inspirarnos, por lo general, la mayor parte de los endiosados artistas. ⬥
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